La primera diferencia que se nota es que se acaba la discusión.
Un control parental o una app de límites convierte cada día en una negociación. Cinco minutos más. Solo este vídeo. Quien tiene la contraseña pasa a ser quien dice que no, varias veces al día, y el móvil se convierte en algo que hay que ganar en lugar de algo que se usa. Si los límites te los pones a ti mismo, la negociación no desaparece, solo se muda a tu cabeza, y es exactamente la misma negociación.
La segunda diferencia es que no hay botón de apagado.
Una app de límites se desinstala en tres toques. Un control parental mantiene siempre un interruptor que alguien puede desactivar, y un hijo que sabe que ese interruptor existe va a preguntar por él, cada día, hasta que alguien ceda. Además, una búsqueda rápida devuelve guías paso a paso para saltarse la mayoría... Balance no es una app encima de Android, es el sistema.
La tercera diferencia es que tienes acceso a todas las apps y webs, no a una lista limitada.
La mayoría de productos pensados para esto te dan una lista cerrada de apps aprobadas, y lo que no está en la lista no existe. Balance hace lo contrario. El teléfono viene con la Google Play Store entera, tienes millones de apps y webs accesibles, y nosotros solo detectamos y bloqueamos lo que hay que bloquear.
Esa diferencia se nota el día que necesitas algo raro. La app del colegio de tu hijo, la del aparcamiento, la de la sanidad de tu comunidad... Nadie tiene que aprobarla. Ya está ahí.
Y por debajo sigue siendo un Samsung. Estás dentro de la red de servicio de Samsung en casi todo el mundo, no en la de una marca pequeña con un solo punto de reparación.