Hay un gesto que se ha vuelto casi automático.
Estás en una conversación, cenando con amigos o esperando en algún lugar, y revisas automáticamente tu teléfono sin pensarlo.
No es porque necesites revisar algo. Simplemente está ahí.
Esta pequeña acción se ha convertido silenciosamente en uno de los hábitos que definen nuestra época. Pero a veces, sucede algo diferente. A veces, decides no hacerlo.
Dejas tu teléfono en otra habitación. Sigues escuchando. Miras a la persona frente a ti y te mantienes presente.
Ese momento simple pero raro es donde todo comienza.
El equilibrio comienza aquí.