Es una de las preguntas más frecuentes en cualquier conversación entre padres. Cuando un hijo empieza a pedir un móvil, normalmente alrededor de los 11 o 12 años, la decisión deja de ser tecnológica y pasa a ser profundamente educativa.x
Vivimos en una sociedad donde la comunicación digital forma parte del día a día. El móvil no es solo entretenimiento: es contacto, organización, pertenencia social. Pero también es acceso ilimitado a contenidos, estímulos y dinámicas que no siempre están diseñadas para la infancia.
Por eso la cuestión no es simplemente a qué edad, sino en qué condiciones y con qué tipo de dispositivo.
Aspectos a tener en cuenta para decidir si es el momento de tener móvil
No todos los niños maduran al mismo ritmo. La edad cronológica importa, pero la madurez emocional es determinante.
Antes de dar el paso conviene valorar aspectos como:
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Su nivel de responsabilidad en otros ámbitos.
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Cómo gestiona la frustración y la comparación social.
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El uso que ya hace de otras pantallas.
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La necesidad real de comunicación por desplazamientos o actividades.
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La capacidad de respetar normas acordadas en casa.
Un móvil no debería entregarse por presión social. Que otros lo tengan no significa que sea el momento adecuado en esa familia concreta.

También es importante entender que el acceso a un smartphone convencional implica algo más que llamadas y mensajes. Supone exposición a redes sociales, notificaciones constantes, contenidos de adultos y sistemas diseñados para captar atención de forma continuada.
Desde el punto de vista del desarrollo cognitivo y emocional, esto no es menor.
Qué recomiendan los expertos y qué hacen las familias
Diversos psicólogos infantiles, pediatras y especialistas en educación digital coinciden en que el acceso libre a un smartphone debería retrasarse hasta los 13 o 14 años, cuando el menor tiene mayor capacidad para autorregularse y comprender los riesgos del entorno digital.
Organizaciones internacionales de salud mental han advertido del impacto que puede tener la exposición temprana a redes sociales en la autoestima, el sueño y la atención.
El cerebro en etapa preadolescente es especialmente sensible a los estímulos de recompensa inmediata, como notificaciones, likes o contenidos virales. De hecho, construir hábitos digitales saludables en niños y adolescentes se ha convertido en una de las principales recomendaciones de los expertos en educación y bienestar digital.
Sin embargo, la realidad familiar no siempre encaja con esa recomendación. Muchas familias optan por introducir el móvil antes, normalmente por cuestiones prácticas o por integración social.
Aquí es donde aparece la responsabilidad adulta: si el momento llega antes de lo que los expertos aconsejan, el dispositivo debe adaptarse a esa etapa evolutiva.
No se trata de confiar únicamente en aplicaciones de control parental que pueden desactivarse. Tampoco de ofrecer acceso completo a redes sociales esperando que la autorregulación aparezca sola.
Muchas familias empiezan buscando móviles para niños sin Internet como primera solución, intentando limitar riesgos sin aislar completamente a sus hijos del entorno digital. Y tiene sentido. Pero no todos los dispositivos etiquetados como “sin Internet” ofrecen el equilibrio necesario entre funcionalidad y seguridad.
La alternativa es elegir un entorno digital diseñado desde el origen para esa edad.
En Balance Phone llevamos años trabajando en dispositivos pensados específicamente para niños y adolescentes. Nuestro sistema operativo propio, Balance OS, elimina redes sociales, juegos adictivos, apuestas y contenido adulto de fábrica. No es una app que se pueda quitar. Forma parte del propio sistema.

El menor puede llamar, usar WhatsApp, consultar mapas o escuchar música, pero dentro de un ecosistema estable que prioriza la seguridad y la concentración. Esto permite una primera toma de contacto con la tecnología sin exponerles a dinámicas para las que todavía no están preparados.
Desde la experiencia acumulada con familias que han pasado por este proceso, sabemos que el conflicto no suele ser el dispositivo en sí, sino el tipo de acceso que ofrece.
La pregunta correcta no es solo cuál es la edad adecuada para que un niño tenga móvil.
La pregunta real es qué tipo de móvil es adecuado para esa edad.
Educar en tecnología no es prohibir ni ceder a la presión. Es acompañar con criterio, información y responsabilidad. Y esa decisión empieza mucho antes de entregar el primer dispositivo.
